Lo que no deberías hacer (aunque tengas muchas ganas)
Ahora que ya sabes el vocabulario, aquí van las reglas de uso para no arruinar el verano de tu hijo en los primeros cinco minutos:
- No lo uses en público. Ni en el coche cuando están sus amigos. Ni en la playa. Ni nunca.
- No lo expliques a otros padres con el mismo orgullo con que contarías que has aprendido italiano. No es lo mismo.
- No le digas a tu hijo que has leído este artículo. Guarda el secreto. Úsalo solo para entenderle, no para impresionarle.
- No intentes el 6-7. Ya te lo hemos dicho. Pero lo repetimos porque es importante.
El secreto que nadie te cuenta (pero todos los padres hacen)
Todo lo que has leído hasta aquí tiene una utilidad práctica y honesta: entender a tu hijo, no quedarte fuera de la conversación, sobrevivir al verano con algo más de vocabulario que “guay” y “genial”.
Pero seamos sinceros.
También vas a usarlo para chincharle. Y está completamente bien.
De hecho, es uno de los grandes placeres no documentados de la paternidad: el momento en que sueltas un término de su propio vocabulario, en el contexto exacto, con la entonación correcta, y le ves la cara. Ese instante en que no sabe si reírse o desaparecer. Ese segundo en que te mira y piensa “¿de dónde ha sacado eso?”.
Porque entenderles mola, pero saber dónde están mola más
Este verano tus hijos van a ganar autonomía. Van a salir más, llegar más tarde, estar más rato con sus amigos y menos contigo. Es lo normal. Es lo bueno.
Y en esos momentos en los que no estás con ellos, en los que están farmeando aura por ahí o teniendo algún beef con el amigo de turno, lo que importa no es hablar su idioma.